{"id":34,"date":"2016-08-31T12:00:00","date_gmt":"2016-08-31T12:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/wp.bibliohack.org\/?p=34"},"modified":"2016-08-31T12:00:00","modified_gmt":"2016-08-31T12:00:00","slug":"algun_tipo_de_paraiso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/wp.bibliohack.org\/?p=34","title":{"rendered":"Alg\u00fan tipo de para\u00edso"},"content":{"rendered":"<p>El siguiente art\u00edculo fue publicado por Mat\u00edas Butelman en La Agenda de Buenos Aires. <a href=\"https:\/\/laagenda.buenosaires.gob.ar\/post\/152524662625\/alg%C3%BAn-tipo-de-para%C3%ADso\">Enlace al articulo en La Agenda<\/a><\/p>\n<hr \/>\n<h2>Alg\u00fan tipo de para\u00edso<\/h2>\n<p><big>El historiador Robert Darnton visit\u00f3 Buenos Aires. El libro como objeto inestable y las estrategias para preservar la memoria de este tiempo.<\/big><\/p>\n<p>Por Mat\u00edas Butelman <\/p>\n<p>Hay una parte crucial de la memoria de nuestra cultura que est\u00e1 fuera de alcance de la mayor\u00eda de nosotros. Se la encuentra detr\u00e1s de paredes gruesas en dep\u00f3sitos de Flores o Saavedra, en departamentos de coleccionistas privados, en containers olvidados en la Boca, en los s\u00f3tanos del Palais de Glace o de la Biblioteca Nacional. En esa misma biblioteca, hace dos meses, Robert Darnton dio una conferencia. Cuando comenz\u00f3 a hablar pod\u00edan leerse detr\u00e1s suyo dos palabras proyectadas sobre una pantalla: Digitize, Democratize. Pero no empez\u00f3 hablando de internet ni de esc\u00e1neres ni de nada parecido: habl\u00f3 sobre c\u00f3mo desde la Antig\u00fcedad bibliotecas y archivos restringieron a un grupo muy limitado el acceso a toda la riqueza intelectual y tesoros que conservaban. \u201cSe guardaban detr\u00e1s de puertas cerradas y paredes muy gruesas, para mantener al p\u00fablico alejado, y tambi\u00e9n detr\u00e1s de carnets de lectores o de una atm\u00f3sfera general de intimidaci\u00f3n\u201d. Seguramente muchos conozcan todav\u00eda hoy esta experiencia. Pero hubo tambi\u00e9n, se\u00f1al\u00f3 Darnton, una tendencia opuesta, que empez\u00f3 a cobrar fuerza en la era de la Ilustraci\u00f3n, cuando una idea inspir\u00f3 a fil\u00f3sofos y tambi\u00e9n a pol\u00edticos revolucionarios de Europa, Estados Unidos y Latinoam\u00e9rica: la difusi\u00f3n del conocimiento es la fuerza m\u00e1s importante de la historia, una fuerza que podr\u00eda extenderse a cualquier lugar, destruyendo as\u00ed el prejuicio y promoviendo el progreso.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente de esa conferencia tengo que encontrarlo en lobby del Hotel Loi Recoleta, a pocas cuadras del escenario en el que hab\u00eda hablado, para conversar brevemente sobre historia, archivos y, en especial, sobre la tarea de digitalizar y difundir el patrimonio cultural de una naci\u00f3n entera. Tal vez, el del mundo. Mientras preparo el grabador me pregunta si yo tambi\u00e9n soy estudiante de la carrera de Edici\u00f3n de la UBA, que fue la que lo trajo a dar esa conferencia y otras en la BN. Le tengo que responder que no, que estudi\u00e9 Letras, pero que tengo una historia familiar con eso de los libros y que estoy a la caza de un hipot\u00e9tico archivo editorial, de esos tantos que hay por la ciudad. Sonr\u00ede. Tengo encima una edici\u00f3n de El negocio de la Ilustraci\u00f3n, su libro de 1979 sobre la historia de la publicaci\u00f3n de la Encyclop\u00e9die de Diderot y D&#8217;Alembert. Lo escribi\u00f3 despu\u00e9s de sumergirse en los papeles de la Sociedad Tipogr\u00e1fica de Neuchatel, imprenta y casa editorial suiza que los franceses utilizaban para evadir la censura del Antiguo R\u00e9gimen. El libro preanuncia las coordenadas tem\u00e1ticas que van a marcar gran parte de su obra posterior e intervenciones p\u00fablicas, incluso las recientes en nuestro pa\u00eds: la tensi\u00f3n entre el mercado y el conocimiento, la relaci\u00f3n entre la tecnolog\u00eda y las ideas, las transformaciones del libro a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>Ese impulso liberador de la Ilustraci\u00f3n, record\u00f3 Darnton durante la conferencia, fue ciertamente idealista: la mayor parte de la gente en el siglo XVIII no sab\u00eda leer, y los que sab\u00edan leer no pod\u00edan comprar libros. Pero eso es el pasado. En el presente, Darnton es optimista: \u201choy tenemos internet, tenemos en nuestro poder la capacidad de realizar lo que durante la Ilustraci\u00f3n era una visi\u00f3n ut\u00f3pica. Hay un nuevo ideal de apertura que est\u00e1 transformando el mundo del conocimiento. Hoy tenemos universidades abiertas, software libre y de c\u00f3digo abierto, metadatos abiertos, publicaciones cient\u00edficas de acceso abierto\u201d. Hay que admitir, sin embargo, que no todo es f\u00e1cil: advierte sobre el peligro de la mercantilizaci\u00f3n, que \u00e9l conoce de primera mano tras haber enfrentado desde Harvard a Google Books y su intento de monopolizar el acceso a las versiones digitales de los libros. \u201cEl conflicto entre entre democratizaci\u00f3n y comercializaci\u00f3n va a definir nuestro futuro digital. Pero no pretendo reducir una situaci\u00f3n compleja a una f\u00f3rmula tan simple. Necesitamos encontrar un camino en este mundo de dinero, poder y pobreza, un balance equitativo entre el inter\u00e9s privado y el bien p\u00fablico. Debemos preguntarnos, primero, si hemos alcanzado ese equilibrio en el mundo del libro y las bibliotecas\u201d.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" alt=\"Darnton fue director de la biblioteca de Harvard.\" src=\"\/uploads\/posts\/Alg\u00fan_tipo_de_para\u00edso\/darn.jpg\" \/><\/p>\n<p>Durante mis a\u00f1os en la carrera de Letras las lecturas de Darnton fueron apareciendo en algunas materias, espor\u00e1dicamente, como r\u00e1fagas de realidad en un universo acad\u00e9mico fascinado por la especulaci\u00f3n y, m\u00e1s de una vez, la oscuridad. Es que hab\u00eda algo en prestarle atenci\u00f3n a los libros y a su dimensi\u00f3n material que funcionaba como un ant\u00eddoto contra la fiebre de la teor\u00eda y permit\u00eda tambi\u00e9n ver la acci\u00f3n concreta de seres humanos concretos detr\u00e1s de las ideas y de los textos que le\u00edamos.<\/p>\n<p>Robert Darnton hoy tiene 77 a\u00f1os. Adem\u00e1s de ser uno de los m\u00e1s importantes historiadores de la cultura vivos, entre 2007 y 2015 fue director de la Biblioteca de Harvard. Hace poco empez\u00f3 a estudiar espa\u00f1ol, seg\u00fan cuenta a ra\u00edz de sucesivas invitaciones que recibi\u00f3 para visitar pa\u00edses de nuestra regi\u00f3n. Su \u00faltimo profesor del idioma, Jos\u00e9 de Le\u00f3n, un estudiante espa\u00f1ol en Harvard, me dice que Darnton habla franc\u00e9s, alem\u00e1n, e italiano, adem\u00e1s de ingl\u00e9s, y que recientemente empez\u00f3 a interiorizarse con la tradici\u00f3n intelectual y literaria latinoamericana. En su despacho de la biblioteca Widener -que lleva este nombre en memoria de Harry Widener, un coleccionista de libros que muri\u00f3 en el Titanic-, despu\u00e9s de comer, leen Borges, algo de Cort\u00e1zar, un poco de Alejo Carpentier. Darnton se\u00f1ala que estudia espa\u00f1ol sin fines utilitarios. M\u00e1s bien, por el amor de aprender algo nuevo, y porque siente que es su deber hablar la lengua de sus anfitriones y aprender lo que su cultura tenga para ense\u00f1arle. \u201cTodos en Norteam\u00e9rica deber\u00edan aprender espa\u00f1ol, y especialmente la gente como yo, intelectuales o acad\u00e9micos\u201d.<\/p>\n<p>Reconoce que en Latinoam\u00e9rica hay una fascinaci\u00f3n por la historia del libro, a la que considera el campo m\u00e1s emocionante de las ciencias humanas, \u201centre las humanidades y las ciencias sociales\u201d. Sobre esa fascinaci\u00f3n ensaya una hip\u00f3tesis: \u201cCreo que la transformaci\u00f3n en los modos de comunicarnos, que todos experimentamos en nuestras vidas cotidianas, gener\u00f3 una sensibilidad especial a la comunicaci\u00f3n. La revoluci\u00f3n de Internet tuvo como consecuencia un aumento del inter\u00e9s por la palabra escrita\u201d. La hip\u00f3tesis bien puede ser cierta: la presencia del bibli\u00f3filo Alberto Manguel al frente de la Biblioteca Nacional, el fen\u00f3meno de las editoriales independientes y revistas culturales, las recientes noticias sobre archivos, esc\u00e1neres y otras aventuras patrimoniales, e incluso el curioso caso de una editorial especializada en la historia del libro y la lectura que se ubica en el piso superior de un exclusivo bar de Palermo Chico, forman parte de una efervescencia en torno al pasado, a los vestigios que de \u00e9l nos llegan y a la inevitable pregunta de qu\u00e9 hacer con ellos.<\/p>\n<p>Durante su conferencia en la BN Darnton expuso los fundamentos de un proyecto en el que est\u00e1 embarcado desde hace varios a\u00f1os: la Digital Public LIbrary of America, la Biblioteca P\u00fablica Digital de Estados Unidos, un sitio web que conecta y expone las colecciones digitales de much\u00edsimas bibliotecas, archivos, museos y otras organizaciones de ese pa\u00eds, y las ofrece as\u00ed a un p\u00fablico cada vez m\u00e1s amplio: \u201cel p\u00fablico al que est\u00e1 destinada la DPLA no es un p\u00fablico de gente como yo, acad\u00e9micos, historiadores. Si, seguramente muchos miembros del p\u00fablico lo sean, pero los verdaderos destinatarios de la DPLA son muy diversos: chicos en edad escolar, estudiantes de todas las edades, jubilados, investigadores independientes o simplemente gente que quiere escribir libros sin afiliaci\u00f3n institucional y necesita acceso a una biblioteca gigante, gente que quiere profundizar su disfrute de la lectura.<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo funciona una biblioteca p\u00fablica digital? Lo primero que hay que entender es que la Biblioteca P\u00fablica Digital no es como una biblioteca tradicional que acumula colecci\u00f3n tras colecci\u00f3n debajo de un domo gigantesco. Tampoco es, aclar\u00f3, una inmensa base de datos como Youtube, Spotify, Wikimedia Commons o archive.org. Es un sistema distribuido, abierto y horizontal. Es distribuido porque no alberga m\u00e1s que los metadatos y las im\u00e1genes en miniatura de las piezas de las colecciones, dejando as\u00ed el control f\u00edsico de los archivos digitales a sus aportantes. Es abierto en sus contenidos que son accesibles de modo gratuito y sin necesidad de presentar ning\u00fan tipo de credenciales. Es abierto en sus metadatos que son expuestos por diferentes protocolos y puestos a disposici\u00f3n de quien los necesite. Es abierto tambi\u00e9n el software que utiliza para evitar ese tribalismo tecnol\u00f3gico conocido como \u201cs\u00edndrome de not invented here\u201d. Es horizontal porque pone en el centro de escena el trabajo de las organizaciones que aportan sus colecciones, y de este modo jerarquiza la tarea de miles de bibliotecarios, archivistas, y otros profesionales que trabajan en instituciones culturales. Al ser una iniciativa de alto perfil \u2014tiene el aval de Barack Obama, y Michelle Obama se asoci\u00f3 con la DPLA para impulsar el programa Open ebooks\u2014 visibiliza ese trabajo y el expertise de cantidad de personas que de otro modo estar\u00edan tan ocultas como los tesoros a los que cuidan.<\/p>\n<p>Esta es quiz\u00e1s la f\u00f3rmula del \u00e9xito de la iniciativa: el entusiasmo que produce en los responsables directos de las colecciones, y tambi\u00e9n y especialmente en las comunidades locales de cada organizaci\u00f3n que reconocen la existencia de esta dimensi\u00f3n digital del patrimonio cultural como algo cercano y no como algo ajeno y misterioso. Los miembros de cada comunidad descubren en las bibliotecas, archivos y museos ya no solo proveedores de contenido y experiencias, sino tambi\u00e9n receptores y organizadores de la memoria colectiva hasta entonces conservada en el \u00e1mbito privado, y acercan recortes de diarios de fechas hist\u00f3ricas, fotos y filmaciones de antepasados, cartas familiares para aportarlas al proceso de digitalizaci\u00f3n y difusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Para Darnton la historia del libro no tiene vocaci\u00f3n anticuaria y no concibe al libro como un objeto estable sino, m\u00e1s bien, como un objeto en constante transformaci\u00f3n, en sinton\u00eda con los cambios de la tecnolog\u00eda y la sociedad. Los libros impresos portan las marcas de su fabricaci\u00f3n y de los procesos que los hace existir como objetos: \u00bfse puede decir lo mismo sobre la internet? \u00bfcuando alguien manda un tweet, qu\u00e9 queda detr\u00e1s evidenciando ese intercambio? Mientras aprendemos a leer toda esta nueva informaci\u00f3n digital y a descifrar qu\u00e9 dice sobre nosotros mismos, una misi\u00f3n m\u00e1s urgente asoma en la agenda de bibliotecarios y archivistas: la de evitar que por obsolescencia de los dispositivos de lectura o por degradaci\u00f3n de los soportes esa informaci\u00f3n se vuelva inaccesible. La preservaci\u00f3n digital es un tema que por momentos se aparece como ciencia ficci\u00f3n al no iniciado: los especialistas disparan ecuaciones sobre la energ\u00eda necesaria para mantener girando discos de backup y calculan cu\u00e1ntos bits se pierden, quiz\u00e1s para siempre, en compresiones y descompresiones. \u201cEn Harvard tenemos una m\u00e1quina gigante y altamente tecnol\u00f3gica para preservar textos digitales. Una suerte de ojos electr\u00f3nicos miran como giran los discos de texto y observan cualquier deficiencia para inmediatamente reemplazarlos de forma autom\u00e1tica, migrarlos a diferentes formatos y transferirlos a tres partes diferentes de Massachussets\u201d.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" alt=\"Tesoros en el Palais de Glace.\" src=\"\/uploads\/posts\/Alg\u00fan_tipo_de_para\u00edso\/pale.jpg\" \/><\/p>\n<p>Ante esta perspectiva del conocimiento como desaf\u00edo f\u00edsico y t\u00e9cnico asoma una cuesti\u00f3n definitivamente humana: si nos estamos preguntando cu\u00e1nto del pasado podemos preservar, es decir, si no podemos preservarlo todo, \u00bfcu\u00e1nto conocemos de \u00e9l realmente? Darnton tiene una respuesta: \u201cPas\u00e9 toda mi vida trabajando en archivos. Le\u00ed miles y miles de cartas y papeles administrativos, todo tipo de documentos. Esto me dej\u00f3 la convicci\u00f3n de que conocemos s\u00f3lo una fracci\u00f3n de una fracci\u00f3n de una fracci\u00f3n de lo que sucedi\u00f3 en el pasado. La mayor parte de la experiencia pasada no dej\u00f3 ning\u00fan rastro en el presente, la mayor parte de los seres humanos murieron sin dejar ning\u00fan testimonio de su existencia.\u201d<\/p>\n<p>Concluye: \u201cPensamos que entendemos el pasado, pero si sos un historiador que alguna vez trabaj\u00f3 en archivos seguramente te envuelva una sensaci\u00f3n muy intensa: deben haber existido tantas cosas que se nos escapan\u201d. Menciona a sus estudiantes, que creen que la historia est\u00e1 bajo control, entre las dos tapas de un libro, en las preguntas de los ex\u00e1menes. \u201cMi visi\u00f3n del pasado no podr\u00eda ser m\u00e1s opuesta: los archivos de Francia son infinitos, no terminan nunca. Solo una parte muy peque\u00f1a de ellos fue alguna vez le\u00edda por otros seres humanos. Y, aun as\u00ed, esos archivos contienen muy poco en comparaci\u00f3n a todas las vidas que fueron vividas\u201d. Admite que es cierto que todos los d\u00edas perdemos documentaci\u00f3n sobre el pasado, pero aclara: \u201ceso sucedi\u00f3 siempre. \u00bfQu\u00e9 hacer entonces? Es nuestro deber como bibliotecarios y archivistas hacer lo mejor que podamos con los recursos que tengamos a nuestra disposici\u00f3n\u201d.<\/p>\n<hr \/>\n<p>Mat\u00edas Butelman<\/p>\n<p>Mat\u00edas Butelman estudi\u00f3 Letras y trabaja en y trabaja en proyectos de digitalizaci\u00f3n. En Twitter es <a href=\"https:\/\/twitter.com\/mbutel\">@mbutel<\/a>. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El siguiente art\u00edculo fue publicado por Mat\u00edas Butelman en La Agenda de Buenos Aires. Enlace al articulo en La Agenda Alg\u00fan tipo de para\u00edso El historiador Robert Darnton visit\u00f3 Buenos Aires. 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